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De la desconfianza a la esperanza

DE LA DESCONFIANZA  A LA ESPERANZA

Elder Alexander Ortez, tiene 18 años, nació y vive en San Pedro Sula, con su madre y su hermana.  Cursa el segundo año de bachillerato en Contaduría y Finanzas. Él es parte del Club Agentes de Cambio y entrenador técnico del equipo de fútbol en el que participan los niños y niñas en una colonia de San Pedro Sula, como parte de los procesos formativos y organizativos que implementa el Proyecto Fostering Hope de World Vision Honduras, desde hace un año.

El proyecto Fostering Hope, forma Los Clubes de Paz, con la membresía de jóvenes entre 10 a 17 años y 18 a 24 años que participan ellos. Estos incorporan una currícula básica de formación para promover una cultura de paz entre los jóvenes y a nivel comunitario en el que toman conciencia de su auto realidad y apropiamiento, para contribuir a una cultura de paz.

“Antes perdía el tiempo en cosas que no valían la pena. Ahora, tengo la obligación de ayudar a los niños, niñas y jóvenes a que no anden en caminos equivocados, que disfruten su vida a través del futbol, que estudien”.

“Me siento halagado, se siente bien que personas que uno viene conociendo lo aprecian y lo quieren” al referirse a los niños y jóvenes de dos equipos de fútbol que él entrena.

 “Antes yo solo pasaba en la calle con personas que... ya no están con vida, otras están en el presidio, (Alexander manifiesta que del grupo al que pertenecía antes, diez han fallecido a temprana edad en varias circunstancias, otros se encuentran presos, y tres quedan en la comunidad) todo ha cambiado desde que World Vision está en la comunidad, antes era raro el niño que salía a la calle por el miedo a que les pasara algo, ahora es muy diferente, en la comunidad los niños juegan libremente”. Para él, es bonito ver a los niños que nunca se imaginaron tener la oportunidad de jugar, realizar torneos, de tener esa sensación de recibir premios, tener una medalla, un trofeo en sus manos, motivados a luchar por lo que sueñan, gracias al apoyo del proyecto.


“Mis sueños son tener una familia, ser ingeniero industrial, acercarme más a la iglesia, ver a estos adolescentes diferentes, graduados, profesionales, que hagan las cosas de bien, que no piensen en cosas negativas” insiste que al participar en el proyecto ha cambiado su mentalidad, tiene en que ocupar su mente, “me importa que estos niños no cometan los errores que yo cometí en el pasado” expresa a su temprana edad, manifestando que hace un año, él pensaba que iba a vivir por mucho, hasta los 20 años de edad.


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